INGLÉS, ASIGNATURA PENDIENTE I

El inglés es la asignatura pendiente para muchos; y ese “muchos” comprende un amplio abanico de edades. Por razones prácticas, vamos a limitarnos a la categoría “adultos”.

Los procesos que llevan a la adquisición de una segunda lengua L2, han sido en los últimos años, y son, objeto de un cuidadoso análisis que nos ha proporcionado unos resultados casi sorprendentes. Sorprendentes en el sentido de que dejan al descubierto lo inadecuado, cuando menos, de los métodos tradicionales de enseñanza/aprendizaje.

Hoy se habla más de “adquisición”, y de “language coaching”, que de “enseñanza / aprendizaje”.  El término “coaching” viene de “coach”: entrenador, entrenar. El uso / adquisición de una lengua, es una actividad “física”, en un porcentaje del 80, en términos de media; solo el 20 por cien es actividad intelectual. De ahí el uso de esa terminología.

El habla, en cualquier idioma, es una actividad principalmente física en el sentido de que no requiere una atención intelectual específica, salvo en una pequeña parte: el guitarrista no está pensando “ahora tengo que pisar el 6º traste de la 3ª cuerda con el dedo medio…”; así sería imposible tocar la guitarra. El guitarrista puede estar pensando en ese pequeño porcentaje que hablábamos, quizá sobre la dinámica, en no dejar caer el tempo, ese tipo de cosas. El tenista en el saque no piensa que con su brazo izquierdo debe lanzar la bola hacia arriba al tiempo que eleva el cuerpo y lo desplaza hacia delante…, no, no lo piensa, lo hace; puede pensar en sacar muy esquinado al lateral, o intentar centrarlo, o en hacer un saque que simplemente entre, sin arriesgar una doble falta. No se puede pensar, hay que hacerlo, simplemente. Hay que ‘saber’ hacerlo.

Cuando se habla, no se piensa, simplemente se hace. Por supuesto se piensa que se va a decir, pero es una fracción de segundo: “buenos días”, “un café con leche, por favor”, simplemente se dice. Se piensan factores como usar ‘por favor’, tú o usted, qué registro utilizar, si sonará excesivamente próximo, o excesivamente formal. Nadie piensa si debe utilizar el pretérito perfecto, o si algo debería ir en subjuntivo; en el uso habitual del lenguaje.

Por eso no debemos pensar que somos “negados” o que “nunca se nos ha dado bien” el inglés; tradicionalmente hemos utilizado el método inapropiado, eso es todo. Y eso ha sido de manera colectiva, por eso los resultados a nivel colectivo no han sido buenos; no es que nos falte “algún gen” que habilita especialmente para el inglés.

En las aulas, de todo tipo, nos han enseñado inglés escrito; leer y escribir inglés. Incluso la gran mayoría de examenes de nivel (Cambridge, IELTS, Trinity…etc) tienen solamente un 25% de inglés hablado de media. Habrá un reading, un writing, un listening.., pero un listening en el que las preguntas que se nos planteen estarán escritas, lo que ya nos dá alguna pista, y la respuesta va a ser escrita. Solamente el speaking será eso, speaking; y es un 25% del resultado total. Por eso podemos leer sin demasiados problemas varios tipos de publicaciones, y entendemos ampliamente cualquier manual, instrucciones, etc; tampoco navegar por internet en inglés nos supone mayor esfuerzo. Pero nuestro nivel en el uso hablado ronda el 25% de nuestro nivel global de inglés.

Para complicar más las cosas, el proceso natural de adquisición de un lenguaje es el contrario al utilizado tradicionalmente. Un bebé, o un emigrante, son usualmente los que “adquieren” una lengua de forma natural. Por razones prácticas nos centraremos en un emigrante recién llegado y sin idea de la lengua de ese país. Ese emigrante escucha muchas veces un sonido, por ejemplo: “gudmónin”, hasta que le asocia un significado. Una vez asociado el concepto, imitará el sonido y lo usará él mismo. Escucha “gudmónin” y contesta “gudmónin”, le sonríen y aprecia una actitud positiva, de aceptación; eso le anima y motiva, el proceso sigue; un día, a las siete de la tarde, como despedida, nuestro emigrante les dirá a sus compañeros “gudmónin”; y alguno le explicará que ya no es por la mañana, que ya es “gudívnin”. Poco a poco irá “construyendo” la casa del lenguaje, irá “adquiriendo” el lenguaje. Pero no será hasta que tenga una cierta fluidez, que empiece a ver sus sonido-conceptos escritos, y comience a añadir mentalmente ese dato. Igual le ocurre al bebé: ya habla bastante bien cuando empezamos a mostrarle dibujos para que asocie sus sonido-conceptos con letras o sílabas primero, palabras después. La lengua escrita viene después. Ese bebé, ahora ya, niño, solamente cuando tenga un nivel sólido, del orden de un C2, será que “toque” por primera vez la gramática: un conjunto de reglas sobre lo que ya conoce y utiliza a diario. El emigrante empezará a leer, en principio sus contratos, alquiler, trabajo, seguridad social, etc.; luego publicidad, ofertas, prensa; probablemente no toque un libro de gramática en su vida, pero en dos o tres años en el país tendrá un CEFR (Marco de Referencia Común Europeo) sobre C1-C2; eso partiendo de cero, desarrollando un trabajo de escasa cualificación y con escasa “interacción intelectual” con el entorno. La realidad de 8 o más horas al día preparando hamburguesas, más 2-3 horas de “commuting” en que todos vamos pegados a nuestro móvil, con escasísima intercomunicación, no le van a dar un léxico muy amplio. Un joven universitario, que pase tres años en un país, trabajando en un puesto acorde a sus estudios, tendrá un nivel C2 consolidado de por vida; siempre que se desenvuelva en modo “nativo”; es decir, en el caso del inglés, siempre que no caiga en la muy frecuente socialización entre llamemos “latinos”, simplemente porque eso hará que interactúe mucho menos en entorno nativo L2.

Un factor que influye muy negativamente en la “adquisición” de una segunda lengua, es la “timidez social”; ocurre no solo en L2, también nuestra lengua nativa nos pone en situaciones similares. No es fácil acostumbrarse a hablar en público, o con gente a la que no conocemos. Esto llevado a una segunda lengua, añade una tremenda presión a la ya difícil situación, y es un freno importante para el adecuado avance. Llevado al extremo tiene un nombre: xenoglosofobia, pero muy raramente se da en niveles patológicos. Mas bien es un tema de no salir de nuestra “zona-confortable”.

Otro factor de “freno” bastante habitual, sobre todo en profesionales que han alcanzado un cierto nivel laboral, es la reticencia a mostrar cualquier “síntoma” de vulnerabilidad, sobre todo en “vertical”, es decir, ante subordinados y/o superiores.

El principal factor positivo para la adquisición de una lengua es la motivación. Tanto el bebé como el emigrante tienen la más potente posible: la supervivencia. El bebé estará cansado de llorar sin poder comunicar lo que quiere, y el emigrante debe saber exactamente cómo quieren que coloque aquellas cajas. Sin llegar a esos niveles, la motivación habitual suele ser las perspectivas profesionales, la “paternidad responsable”, y en menor medida, pero que tarde o temprano se hace más que evidente, los beneficios tanto del “descubrimiento” de un “nuevo mundo”, como de una actividad mental muy saludable. Lo que no tiene duda es la creciente necesidad de un nivel funcional en inglés. Es muy normal que, ante un puesto de promoción, se escoja a la persona con mejor nivel de inglés, con preferencia sobre otros muchos factores. Cuando se participa en eventos multinacionales, o en la típica visita de altos cargos de la compañía de que se trate, en que por cualquier razón se utilice el inglés, quedará grabado como el mejor activo “aquella persona que le daba tan bien al inglés”.

El aspecto práctico de cómo abordar (o re-abordar) esa “adquisición” empieza sin remedio por la pronunciación. Se suele caer en el error de pensar que la no adquisición fue nuestra culpa, y que lo mejor es partir de cero, “esta vez en serio”; asi que: “rosa, rosae, rosam…”; ¿logramos alguno hablar latín? Bien, volvamos al principio: si te gusta la música, y te gusta la guitarra, no hace falta que sepas tocar para disfrutar de una buena interpretación; tampoco hace falta que sepas jugar al tenis para disfrutar con él; hay videos a cámara lenta del servicio de Nadal que son impresionantes. Si tocas algo de oído, o has ido a clases de guitarra y has intentado un bending, entonces es otra dimensión; aunque nunca puedas llegar a tocar como un Joe Satriani, sí que apreciarás lo que es tocar así, y cuanto mejor sepas tocar tú, mejor apreciarás lo que ves. Igual en el tenis, y en realidad cualquier actividad. En inglés pasa lo mismo; vas a escuchar sonidos, que tienes que identificar para poder entender lo que te dicen; y la mejor manera de conocer esos sonidos es intentar producirlos. La pronunciación te llevará no sólo a pronunciar mejor, sino que mejorará de manera espectacular tu comprensión auditiva. Es normal que nos entendamos mucho mejor en inglés con un italiano que con alguien de Londres; y eso es debido a que hablamos inglés igual, igual de mal, pero igual; son sonidos que conocemos, porque los hemos aprendido así, y en consecuencia los identificamos y entendemos.

Hay una razón evidente por la que los nativos de varios países hablamos inglés igual de mal: para los “latinos”, nuestro conjunto de sonidos es muy similar, en algunos casos completamente iguales. Lamentablemente las diferencias fonéticas entre el inglés y el español son enormes. Prueba de ello es que ocurre en ambos sentidos, no hay más que pensar en casos tan evidentes como el de Johann Cruyff o Michael Robinson, que tras décadas en España su español seguía y sigue siendo peor que malo. Johann Cruyff no era inglés, pero la batería fonética “nórdica” es muy similar de unos países a otros.

En este punto es donde la labor de un tutor, que “guíe” un poco la adquisición L2, puede acelerar el proceso sustancialmente. Pero cada vez está más ampliamente admitido que los tres pilares para adquirir una nueva lengua son la lengua hablada, el lenguaje coloquial, y la cultura del país ‘solar’ de esa lengua. Seguiremos en el próximo número.

PROPÓSITOS DE AÑO NUEVO (2021) ¿EL INGLÉS?

PROPÓSITOS DE AÑO NUEVO (2021) ¿EL INGLÉS?

Junto con la dieta y hacer ejercicio, el inglés es un clásico de principios de año, en realidad un clásico todo tiempo. Sin embargo, ahora con lo del Brexit se va a acabar; está claro, volverá el francés, ¡mejor aún!, por fin el español va a ocupar el lugar que le corresponde. En los últimos estudios realizados en USA, el español supera al inglés en número de hablantes, entonces, ¿para qué estudiar inglés?

Hoy en día, nadie cuestiona que el mundo es igual a internet, todavía más, si cabe, con la llegada de la pandemia. Todo está en internet, compramos mucho en internet, también en el comercio de siempre, pero nos informamos en internet; nos relacionamos en internet. Y, ¿cuál es la realidad en internet? Pues la realidad es la que aparece abajo: el 55.5% de los contenidos en internet, ¡están en inglés!, ‘sólo’ el 4.7% (menos de la décima parte) está en español. De ése 4.7 una parte es, incluso, mera traducción del inglés. El resto de lenguas de amplio uso están en una situación similar.

“¡Esto no puede ser así! ¡algo falla!”. Mucho me temo que no, que no falla nada. Es cierto que hay que considerar otro aspecto: los usuarios de ésa red global. Las cifras, en este aspecto, no están tan distanciadas. Si bien el ranking (ranking?) de usuarios lo encabezan los angloparlantes, con 565 millones; van seguidos muy de cerca por el número de usuarios chinos, 509 millones. Lo que ocurre es que la inmensa mayoría de esos 509 millones de chinoparlantes, hacen su uso en inglés. De nuevo, otro tanto nos ocurre a los hispanoparlantes, y a la mayoría de lenguas de amplio uso, como vemos en éste otro diagrama:

La conclusión, que parece sacarse de esto, es que el inglés es la “lingua franca” de la época actual. La comunicación es fundamental en el desarrollo, y en la mera existencia de los pueblos. Durante bastantes siglos la lingua franca fue el latín; en muchas culturas los principios básicos de la vida social, mantienen su nombre en latín, las especies mantienen su nombre científico en latín. Sin embargo, no logramos “universalizar” los cálculos hasta que adoptamos el sistema numérico árabe.

La idea y el uso de una lingua franca, parece habernos acompañado siempre; en el momento actual, ese papel lo desempeña el inglés.

Nuestro presente (sí, el presente de España) se decide en inglés, la gestión de la pandemia se ha hecho en inglés; las mascarillas y los epp no se compran en español, tampoco en chino, se compran en inglés; cierto que algunas FFP2 se fabrican aquí, esto… ¿ffp2?, sí, “filtering face piece”.

No intento vender ninguna moto, ni tampoco cursos de inglés, ni siquiera clases particulares o “coaching” de inglés. Reconozco mi interés egoísta en esto, mi futura posible pensión se va a decidir en Bruselas (ni en francés, ni en valón), en inglés; mi cobertura sanitaria, el hecho de que pueda o no conducir un coche… nuestras grandes decisiones judiciales se toman en inglés, todo, insisto todo nuestro futuro se está decidiendo en inglés. Por eso tengo un tremendo interés particular en que mis representantes, en esas instancias, sean muy buenos en inglés no, ¡lo siguiente!

Es evidente que se están dando grandes pasos en ese sentido. El nivel de inglés de Zapatero, o de Rajoy, ya no es el caso de Pedro Sánchez. Pero queda mucho por hacer, tiene que ser mucho más amplio, es fundamental que amplios estratos de nuestra sociedad den ése paso para representar nuestros intereses de forma adecuada.